Ayer la Vero, que siempre está hablando de su amiga Lucía, que es
"mu importante" en una famosa cadena de televisión con sede en Sanse, me dijo que como era tan importante, nos había conseguido un pase
"vis" para colarnos hasta en el W.C. de un famoso afamado y afeminado famosete. Yo, la verdad, pues dije que vale (tampoco se me dio opción). Cuando bajé, la Vero, que iba vestida como si fuera a la comunión de un ahijado, que no sé qué es lo que es eso, pues me hizo subir a cambiarme:
"Anda, anda, sube y vístete en condiciones, subnormal que eres". Vale, me puse mi traje ñapas y mi corbata con mininudo con brillo, y me repeiné. Al bajar, ella abrió su súper-bolso, extrajo un tinderstick, y me lo metió, así, en plena calle, en un oído y en otro, mientras profería descalificaciones hacia mi higiene personal. Llegamos allí y ella iba andando muy resulta, y decía:
"Vas a ver, estos nos reciben con alfombras rojas porque la Luci aquí es mucha Luci". Bueno, no nos recibieron mal. Nos colamos de una manada de terminales procedentes del pueblo de Bono, que estaban allí acumulados a la espera de ser introducidos en algún plató a hacer bulto. La Vero se hizo la chula con una señora de unos 50 años con un increíble traje rojo, que nos increpó, y la Vero le dijo:
"Señora, que yo no voy donde usté, entérese". Vino la Luci, que, por cierto, está como un queso, aunque es bastante tosca, y nos condujo por interminables pasillos por los que circulaban enanos, travestidos, putones, maricones, cocainómanos y famosetes de tres al cuarto. Desembocamos en un plató, ¡donde estaba la señora de rojo!, y nos sentaron al lado. La Luci dijo:
"Quedaros aquí y luego os cuelo!" Vale. Allí nos pasamos, y no exagero, tres horas, con sus 1.000 minutos cada una. Nos ordenaban aplaudir, abuchear, callar, como a ovejas. Yo me sentía muy vejado, y de no ser porque ya no me respeto, no hubiera aguantado el tirón. La Luci, que no era la Consejera Delegada de la cadena, ponía vasos a los invitados, y al pasar junto a nosotros nos guiñaba un ojo. Qué tetas tenía. Al final, nos evacuaron como si estuviéramos en Treblinka, sin respeto alguno, y la Luci nos condujo a un cubículo donde estaba, en efecto, el afamado famosete. ¡Ah, no! ¡Era su traje! Bueno, ¿Qué más da su traje o él? Pues es verdad. Nos volvimos a casa, aunque la Vero dijo:
"A la Luci la he puesto la cruz. Esta a la Boda no viene!" Lástima, con esas tetas.