

Aquí en el Cielo te brindan la oportunidad de implantarte recuerdos de la infancia, y yo he decidido sustituir mis largas horas de barrio polvoriento y marginal por otras vivencias que nunca tuve y que ahora ya sí recuerdo:
1. Cuando estaba en EGB, en 1985, vino un señor con bigote y sin apellidarme como ninguno de los patrocinadores del programa me incluyó entre unos jóvenes afortunados con apellidos socialistas que fuimos todo un verano a América en un barco. Se llamaba "Aventura 92", aunque luego se llamó "Ruta Quetzal-BBVA", y muchos de los participantes tenían nombres vascos, como de Neguri. En aquel momento se preparaba la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento, pero muchos de mis compañeros me dijeron que sus padres progresistas consideraban que aquello fue una invasión y que les robamos su cultura, por lo que teníamos que pedir perdón a los americanos, descendientes de los incas. De hecho, para eso les habían apuntado masivamente allí, parece ser.
2. Cuando volví de América vi que ligaba mucho más, porque a las chicas les interesaba el espíritu aventurero que atesoré. Tuve una novia, la más guapa del Colegio.
3. Entonces mis padres me llevaron a la Ciudad Deportiva y me "probaron". Junto a los hijos de algunos directivos del Real Madrid, periodistas deportivos y politicastros, pude jugar 5 minutos y se fijaron en mí. Me ficharon y llegué a jugar en Primera División, donde capiteneé el equipo y gané 5 Copas de Europa con goles míos en todas las finales. En una de ellas marqué 70 goles, todos de tijereta.
4. En mi barrio, Juan Barranco decidió construir un polideportivo, y así los chicos ya no teníamos que jugar en esa chatarrrería abandonada donde de cuando en cuando hallaban una bomba de la Guerra Civil semienterrada. Juan Barranco construyó muchas dotaciones en mi barrio, tantas, que se solapaban unas con otras: estabas en la cancha de tenis y apenas llegabas al borde ya estaba ahí la piscina, pegadita a la biblioteca que me evitó tener que ir a una que estaba a media hora andando y que siempre estaba llena de otros chicos de barrio, que todos han acabado siendo empresarios, ministros o premios Nobel.
5. Mis padres me compraron un perro cojonudo, que me evitaba las palizas de los chulos del barrio, a quienes podía insultar y humillar sin temor a que se me acercaran, porque les devoraba mi monstruo.
6. Una vez mi madre compró un bote de Nocilla, unos pastelitos tigretones, aros de patata, Coca-Cola y mantequilla de colores. Nos dimos un festín que luego repetimos todos los fines de semana, entre las carreras de karts, los viajes en globo, las excursiones al Amazonas y las meriendas de tortitas con nata en El Corte Inglés de Preciados.
7. Cuando terminé la EGB, me enviaron a EE.UU. a estudiar, y allí conocí un montón de chicas y volví a España hecho una máquina, fardando mazo, siendo un winner irresistible.
Y todo esto, de gratis.