domingo

Me remito al pasado


Queridos y leales amigos, fundadores de la PAP, visitantes históricos, navegantes recién llegados, paletos sanchiguarros sin sentido del humor, perdedores vocacionales, veranantes de campingás, admiradores del Perropaco, culturistas de Sanse, cajeras del Hipercor, esteticiéns con mechas, alérgicos a la cultura, especuladores de salón, comerciales con tartera, madres que sostenéis a vuestras hijas en vilo con el culo en pompa para que orine entre dos coches, parejas que ponéis una bodega en el cuarto trastero de Sanchi, teleoperadores sin esperanza, apiladores de palés, adolescentes que pensáis que el Che era un cooperante solidario, lectoras gordas de Isabel Allende, hijos cuarentones con rebeca marrón, mozas casaderas con problemas de gases, amas de casa coleccionistas de vales-descuento, cuñaos que construís casas en parcelas toledanas, primos ñapas que cogéis cangrejos en riachuelos malolientes, miembros de peñas, corredores de encierros, botelloneros irredentos, siervos del albarán, alicatadores de sueños, criaturas todas:

"Sanchiguarro" ha sido un lugar de encuentro desde aquel 20 de diciembre de 2003 cuando escribí: "Hace ya tres años que esperamos la Vero y yo que nos entreguen la casa. La verdad es que al principio íbamos constantemente a la parcela, y cualquier pequeño avance era motivo de alborozo. En este momento, ya están muy avanzadas las obras, e incluso podemos divisar la que será nuestra ventana. La Vero siempre me dice: "Pepo, fí­jate, nos costó 22 millones y seguro que ya vale 40, lo que s'a ravalorizao!", y siempre me da un achuchón. Creo que eso de la especulación no debe de estar tan mal, porque gracias a ella me llevo alguna alegría de cuando en cuando. Debe de ser afrodisiaca la especulación, que un señor llamaba una vez en la televisión "espectaculación". Debe de ser porque es espectacular. No lo sé, pero une mucho a las parejas."

Tres años después han pasado muchas cosas: me he muerto, la tortuga se metió en el kéfir y se volvió albina, el Perropaco se tiró al Chufi, el Gayolo a la Vero, el Tote se hartó de kikos en las interminables tardes del dolor de huevos veroniano, miles de parejas han derramado su amor sobre talones bancohotel, se rompió el edredón del banco que nunca llegué a devolver, las mujeres españolas siguen evitando comprar bolsas de basura pudiendo usar las del Caprabo, las madres comprando tartas de mazacote de margarina, el blog del Tote nació y murió en apenas unas semanas, nos fuimos a comer paella gratis con los vendedores de bungalús en Torrevieja, vivimos varios fines de semana plastiqueros en la Sierra, millones de paletas se hicieron baños de color en el Spejo´s, descubrimos los orígenes neolíticos del páramo, así como la balsa de agua que hay bajo Sanchiguarro, descubrimos la fórmula de la felicidad sanchiguarra (Kikos + Cerveza + Fútbol + Eructos) y la de la brutalidad Sanchiguarra (Tiempo dedicado por paleta sanchiguarra a ver un lienzo es inversamente proporcional al tiempo dedicado por su sanchopanza a devorar embutido en la cena mientras mira absorto una teleserie morcillera de camareros, gays, viejas rojas y jovencitas emputecidas con piercings en el ombligo y el chomino, multiplicado por el tiempo consumido por ella en analizar qué cambios de azulejos va a realizar en sus cuartos de baño del pisito de Sanchiguarro, sumado a la masa de sus culos y sus panzas, todo ello elevado al cuadrado si la paleta lleva tanga, mechas rubias y habla de gases, quistes y olores coporales con sus vecinas cajeras), aprendimos que los langostinos no sorríen porque están congelados, fui innumerables veces a la caseta de obra de Sanchi "a sacarle más cosas" a la constructora, pusieron un tranvía llamado Sanchirrabia, la Vero dijo 500 veces "marca de la braga", muchos cuñaos vinieron a casas de Sanchi a instalar el rodapiés, supimos que los Perropacos sueñan con Perropacoidas eléctricas, aprendimos quién era San Chinarro, asistimos impotentes al surgimiento del Ano de Madrid..., y un largo etcétera de viviencias irrepetibles (afortunadamente).

Hoy quiero decir que cualquier tiempo pasado fue mejor. Me remito a los archivos antiguos. Podéis releerlos cuantas veces queráis. Son vuestros. Yo he quedado para distracción de querubines cuya fijación anal no venía en las escrituras celestiales, mientras el Perropaco castiga a todo tipo de seres beatíficos, fetos flotantes, perritas de viejas que se negaron a separarse de ellas y otros habitantes celestes.

Puede que un día os dé una sorpresa y reaparezca bajo una nueva identidad, encarnado en otro ser sin el estigma del sanchiguarrismo, con una novia como la que creo haber merecido, y no esa guarrona embrutecida y grosera. Quizá comience un nuevo proyecto. Quizá me convierta al Islam y me dedique a quemar muñecotes que representan a estadounidenses, o me haga fallero, o azafato de congresos. Pero cada vez que huela a chorizo sabré que algún sanchipanza se ha tirado un iruto sanchiguarro. Y eso será lo que active todo mi pésimo recordar, como la madalena de Proust, pero en guarro. Que sepáis que os llevo en el corazón. Seguid visitándome: esta es una página muerta. Es la memoria viva de lo que no puede ser el hombre: una bestia del consumo y el confort, del materialismo y la falta de espíritu, de la grosería y el egoísmo, de la ausencia de valores, de la pérdida de la dignidad, ahogada para siempre en una bolsa del Hipercó, al laíto de casa, Paqui.

Tenéis todo mi mundo a la derecha, donde pone "MI PENOSA VIDA". Gracias por todo. Os queremos. Pepo y Perropaco.

lunes

A Perropaco no le agradan los tacaños

Perropaco es un ser políticamente incorrecto: hace todo lo que no se puede hacer. Mea en sitios inconvenientes, fornica con piernas humanas, monta a perras cuatro veces más corpulentas que él sin importarle parecer un Torrebruno (por cierto, Rocco está aquí arriba también, aunque es muy pesado y pasamos todos de él, Dios el primero), ladra y gruñe a quienes le caen mal, que son casi todos, y de vez en cuando se chupa la pija, por decirlo pronto y mal. De todos los colectivos que detesta Perropaco, hay uno que simplemente le saca de quicio: los tacaños. ¿Qué es un tacaño? Un tacaño es un ser cuya mente funciona de manera diferente que la de los restantes seres humanos. Un ser humano normal, tanga mucho o poco dinero, no espera cinco minutos a que el camarero le devuelva diez céntimos de euro. El tacaño sí. El tacaño es capaz de echarte cuentas a pie de máquina de café, de buscar el papel higiénico más barato, de leer el Metro o el 20 Minutos sólo por el placer de ahorrarse el euro del periódico, y el placer es muy intenso. El tacaño no desayuna fuera de casa sólo por ahorrarse los dos euros. El tacaño es mezquino, su alma es muy pequeña, sus labios suelen ser muy estrechos, y de su boca befa salen de vez en cuando comentarios calculadores sobre ahorros absurdos y grotescos. El tacaño ama el dinero, que es lo más bajo que existe en el mundo. El tacaño suele tener mal aliento. El tacaño sufre, en mi opinión, una patología mental. Sólo así puede explicarse su conducta. Perropaco odia a los tacaños. Si ve uno se pone como un marroquí que viera una caricatura de Mahoma tatuada en la nalga de un gay. Aquí en el cielo no entra ninguno, -tacaños, quiero decir-, a Dios tampoco le gustan. Pero recuerdo que en Sanchiguarro había manadas de ellos. Solían ser calvos, sus novias eran gordas, sus ojos esquinados, sus manos sudorosas. Perropaco siempre les meaba encima. Cuando hacía eso, yo sabía que estaba ante un tacaño. Es decir, ante lo peor.

Se puede caer más bajo, pero no se puede decir más claro